Vermouth

Vermouth

Historia, alquimia y el origen del ajenjo

El vermouth (o vermú) es mucho más que una simple bebida de antes de comer; es un compendio de historia medicinal y alquimia botánica que ha experimentado un renacimiento sin precedentes en la última década. Su nombre deriva del alemán wermut, que significa ajenjo, la planta amarga que constituye la columna vertebral de su sabor y que, desde tiempos del médico griego Hipócrates, se utilizaba por sus propiedades digestivas. En nuestra bodega, entendemos el vermouth como el puente perfecto entre el mundo del vino y el de la botánica, una preparación donde la calidad del vino base es tan crucial como la selección de hierbas que lo aromatizan.

El arte de la maceración y los secretos botánicos

El proceso de elaboración es una danza de equilibrios que comienza con un vino blanco de calidad, generalmente de variedades neutras como la Airén o la Macabeo, que sirve como lienzo en blanco. A este vino se le añade un encabezado de alcohol vínico donde previamente se han macerado decenas de botánicos: raíces, cortezas, flores, especias y frutas. Aunque el ajenjo es obligatorio, la complejidad surge de la combinación de elementos como el díctamo de Creta, la canela de Ceilán, la piel de naranja amarga, el cardamomo, el clavo, la vainilla o el ruibarbo. Cada elaborador guarda su receta de «hierbas» bajo llave, como un secreto alquímico transmitido de generación en generación.

Estilos principales y el ritual del servicio

Existen principalmente dos estilos que definen esta categoría: el Vermouth Rojo (o dulce), de origen italiano, que debe su color al caramelo o azúcar quemado y ofrece notas de especias dulces con un final amargo; y el Vermouth Blanco, de tradición francesa, que suele ser más seco, floral y cítrico. En nuestra selección, también destacamos los vermouths con crianza en barrica, donde el contacto con el roble redondea el alcohol y crea una bebida madura y aterciopelada. Disfrutar de un vermouth es reivindicar la «hora del aperitivo» como un ritual social sagrado, servido siempre frío, con una rodaja de cítrico y, opcionalmente, un toque de sifón.